Va llevar dulceeee de cocooooo….

Va llevar dulce de coco

Va llevar dulce de coco

Cuando llega el antojo de algo dulce, siempre pienso en quién puede ser el protagonista de ése antojo, se me ocurren mil maneras de darle gusto a mi paladar, pero siempre viene a mi mente la miel de abejas, o la leche condensada. De niño, tengo ese recuerdo muy claro de dos postres en especial, que acostumbrábamos en casa comerlo principalmente por las tardes, uno de ellos, ocurría cuando en la cocina de mi madre, luego de que yo daba breve búsqueda,  la encontraba frente a una ventana, con el sol de la tarde iluminando y formando coquetos marcos en el piso, veo a mi madre muy afanada rallando carnaza de coco, en aquellos utensilios en forma de campana y en los que cada lado sirve para hacer una ralladura diferente.  Luego, quedaba totalmente asombrado al ver la manera que magistralmente hacía una mezcla de panela en polvo, rajas de canela machacada y un toque de anís. Cuando esto sucedía, ella profesionalmente manejando los utensilios de cocina, como si existiera una cámara filmando esos shows tan de moda hoy en día, todo caminaba como relojito en aquel lugar de donde emanaban aromas tan deliciosos, que prácticamente quedaba hechizado. Estufa con el fuego a lo que da, y una sartén apoderándose y sentada sobre la corona de picos naranja, amarillo, y azul; un sutil crujir indicaba que la sartén ya estaba caliente y lista, para recibir el coco rallado, acto a seguir y llena de paciencia para mover, mover y mover, hasta que fuera tomando forma, ya con el fuego manso, la ralladura de coco iniciaba su proceso; luego del debido tiempo de cocinado y la mezcla perfecta de todos los deliciosos y aromáticos ingredientes, finalizaba la ceremonia, no sin antes bañar toda la preparación con la espesa y maravillosa leche condensada, en éste momento que les cuento la historia, llega a mi mente, inevitablemente, ese dulce de consistencia chiclosa, embriagantemente placentero y aromático, el paso final era ponerlo a reposar en una especie de tabla de picar de madera.

Recuerdo también, que de niño, me esmeraba por jugarle la vuelta a mi madre, cuando ella salía de la cocina, tenía que utilizar los segundo preciados en que no podía verme, y tratar de llevarme a la boca el pedazo más grande, eso si, correr sin parar en los pasillos y sin hablar para no quedar en evidencia, más de una vez me cachó, y aún recuerdo el susto; total, cuando llegaba el momento de la repartición oficial, yo recibía mi parte, con las misma emoción somo si no lo hubiese probado jamás.

El dulce de coco, cocada, conserva de coco, o como le guste a usted, es para mi, una de las delicias de mi vida, misma que disfruto al máximo.  ¡Así es la vida!

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