Grabación del programa ¡Así es la vida!, correspondiente al Jueves 28 de Junio 2012.

Estimados seguidores, los invito a escuchar la grabación de ¡Así es la vida!, correspondiente al Jueves 28 de Junio de 2012, a continuación les dejo el link, déle click y a escuchar.

cliquée aquí: http://www.fileden.com/files/2012/7/14/3325850/VID120628.mp3

 

 

Martín Chalavera

www.raulcontreras.com

¿Martín Chalavera, El Güin?

Guatemala, es un país muy rico en leyendas, una de mis favoritas es la del Cadejo, la leyenda del cadejo está presente en casi toda centroamérica, se trata de un perro blanco, enorme, con los ojos rojos, que nos protege a los hombres cuando llegamos a altas horas de la noche.  Es bueno también recordar que en las leyendas, se habla del enemigo del cadejo blanco y es el cadejo negro, éste es un ser diabólico que ataca y mata a las personas de dudosa moral.  Ah, pero cuando ambos se encuentran, sucede algo bien interesante, ya que comienza entre ambos una lucha a muerte, que por lo general es cuando las personas tienen chance de huir, y no me pregunten quién gana éste enfrentamiento, ya que las leyendas nunca lo cuentan. De acuerdo con la leyenda, el cadejo blanco se identifica como protector ya que acompaña siempre, al hombre que trasnocha hasta su casa, lo hace muchas veces desde las sombras y sin dejarse ver, normalmente se siente como una presencia que no puedes localizar. Su trabajo es defender y proteger al borracho o trasnochador del cadejo negro. En cambio, el cadejo negro dependiendo de la cultura que enfoca la leyenda puede tener dos fines, matar a las personas de dudosa moral a las que no puede defender el cadejo blanco siempre a altas horas de la noche, o simplemente golpearle y aplastarle, en ambas creencias el cadejo nunca muerde (salvo en su lucha con el cadejo blanco) y causa el daño golpeando y aplastando, debido a su gran tamaño deja al hombre al que ataca como si hubiera recibido una paliza. Sólo para que vean como las personas tergiversan todo lo relacionado a las leyendas, y cómo lo cuadran a su sabor y antojo; ya que en la costa sur, al cadejo se le identifica también como el El Güin, cuando era niño, recuerdo que en una oportunidad, en una finca de la costa sur, había un persona que para serles sincero no recuerdo su nombre, pero si su apodo, recuerdo que le decían «Martín Chalavera», el vivía con su madre llamada «Doña Leona», en una pequeña casita dentro de los sembradíos de café, transcurría la historia de sus vidas;  su madre, una mujer indígena, anciana, de diminuta estatura, el, de mirada extraña y penetrante, alto y delgado, casi esquelético, se ganaba unos lenes, partiendo leña, en las casas de los colonos, se contaba, en voz baja, que éste personaje había sido visto en más de una oportunidad a media noche en el cementerio del lugar, y alguien se escondió para ver que hacía, y pudo descubrir como entre las tumbas había hecho un círculo de sólo velas negras, se sabía que el hacía ritos extraños, y en ésta ocasión descubrió que daba 3 vueltas de gato hacia adelante, y luego tres vueltas de gato hacia atrás. Y luego éste hombre que vigilaba lo que hacía Martín, se quedó petrificado del susto,  al ver salir de ese círculo iluminado por las velas negras, a un animal parecido a un perro, posteriormente en aquella finca, alguien más comentó, que por el patio trasero de su casa el vio merodeando a un animal con similares características, mismo que confundió con un coyote que iba en busca de sus gallinas, por lo tanto despierta a sus hijos y entre todos le propinan tremenda paliza a ese animal extraño.  Todo lo anterior fue comentado, ya que resulta que Martín Chalavera, de repente desapareció de las calles de la finca, por varios días no había sido visto deambulando, como de costumbre, a alguien se le ocurrió ir a su pequeña casa, que por alguna razón, las personas temían acercarse a ese lugar, alguien se armó de valor y fue, y resulta que si encontró a Martín, pero postrado en una cama, ya que fue encontrado recuperándose de varios golpes que evidentemente habían sido causados por una gran paliza que había recibido, desde ese día las personas siempre comentaron «¡Martín Chalavera, es el Güin!». En otra ocasión mi hermano menor y yo, llegamos a la finca teníamos que caminar cerca de un kilómetro, para llegar a dónde teníamos que llegar, ah pero antes teníamos que pasar por el cementerio del lugar, recuerdo que los dos niños hablando de escenas divertidas de películas para poder contrarrestar el tremendo miedo que nos invadía, ya que pasábamos por el lugar pasados las 8 de la noche; recuerdo que exactamente al pasar por el cementerio, vimos salir a una especie de perro, pero ni yo dije nada, ni el, sólo recuerdo haber comentado «¡Los perritos, buscando que comer!», lo que ya no dije fue ¿….Y en el cementerio?, eso lo pensé, porque estoy seguro que si lo digo, los dos nos echamos a correr más congelados, que fruta para smoothie, jajajaja. En fin sentimos como esa cosa que salió del cementerio, caminaba muy cerca de nosotros, pero en la oscuridad no nos atrevíamos por nada del mundo a ver que era, recuerdo que me ganó el morbo o la curiosidad, y pude voltear a ver, y recuerdo haber visto un par de ojos rojos brillando en la oscuridad; solo senti mi cabeza como convertida en un afro gigantesco, los Jackson Five, tenían el pelo pegado al cuero cabelludo, comparado a como sentía el mio jajajajaj, mi cuerpo completamente erizado, y sentía que no podía dar un paso más, lo curioso es que sin decir nada, ya cuando llegamos a las calles iluminadas mi hermano menor, me confesó lo que había visto, y fue exactamente lo que yo vi. Miedo, imaginación, o lo que sea, sencillamente así lo viví, y de la misma manera se los comento, me encantan las leyendas de mi Guatemala, reconozco que soy impermeable para no creer, a pesar de lo vivido, mismo que lo atribuyo a la mente, a lo que imaginamos y a lo que somos capaces, de ver, sentir, y oler cuando el miedo nos invade, no me pregunten si era el Güin, el Cadejo Blanco, o el Cadejo Negro, porque no sabré responderles, lo único que les respondo, es que el miedo me jugó una buena pasada, y se los cuento porque estoy seguro, que ustedes como yo, también tienen una historia similar que contar, que no les dé pena hacerlo, que no les gane el temor a que alguien se burle, porque cuando nos conectamos a esos hechos de nuestra niñez o adolescencia, o simplemente lo que nos ha pasado a lo largo de nuestras vidas, placenteramente nos conectamos con nuestros recuerdos, y mantenemos en optimas condiciones el link para viajar a través del tiempo, y si recordar es volver a vivir, ¿Qué espera?, comparta esas anécdotas con quién usted desee, para mantener el regalo de la vida, en constante dinamismo, y siempre en agradable actividad.  ¡Así es la vida! La imagen que les comparto, fue la que me hizo recordar la historia que les comento, porque pensé, ¿Son los perritos cuidando al borracho?, o ¿Son cadejos disfrazados de perritos?, no importa cuál sea la respuesta, lo importante es que gracias a la imagen, recordé la historia que les comenté.

Jefferson Israel

Una luz muy fuerte llega a mi, cuando al unísono escuchaba a unas personas decir «¡Puja, puja, puja más!», ah ya veo a quién se lo decían era a mi madre; me cuesta trabajo abrir los ojos, pero al fin logro acostumbrarme a todo esto, es un nuevo mundo para mi, lo primero que veo, es el techo de un hospital, luego a unos señores vistiendo atuendos extraños, con todo cubierto, sólo puedo ver sus ojos, me toman de los pies, y yo moviéndome para todos lados, ya que sentía frío, luego me pegan un par de nalgadas, por supuesto que las sentí, y mi reacción fue ponerme a pegar aquellos gritos, que hasta a mi me asombraron, porque nunca podía escucharlos en donde me encontraba antes.  Ahora estoy, en un mundo de ruidos, de colores, de carreras, de personas, de miradas, de comentarios, de cansancio y dolor físico para mi madre que por vez primera, la veo tendida en la cama, agotada pero con los ojos brillando de emoción al quererme tomar en sus brazos.

Me cuesta trabajo abrir los ojos, para poder verla, eso me causa gracia, sonrío nada más, y como si hubiera hecho saber que hazaña, ya que todos en esa diminuta habitación me lo celebran.  Qué bueno que al fin me cobijaron, ya era demasiado el frío, luego me toman en brazos y me llevan, con una mujer que me esperaba ansiosa, me siento muy cómodo en su lecho, que hasta me quedo dormido, ella me besa, me abraza con mucha ternura y me dice palabras dulces al oído, y me repite constantemente «Serás la luz de nuestro hogar, eres nuestra vida, no te imaginas cuánto le doy gracias a Dios por haberme dado éste regalo», al terminar de decir esto, sentí que una gota tibia cae en mi pelona cabecita, es una lagrima de emoción y agradecimiento, de la señora dulce, cariñosa, tierna, y muy amorosa, a quién ahora le diré mamá.

Salimos del hospital, nos dirigimos a un lugar lleno de modestas y muy pequeñas casitas, al llegar me tenían un pequeño espacio en la cama, con ropita toda en color celeste, y recuerdo un globo amarrado a la mesa del comedor, junto a la cama; este decía «Bienvenido Bebé».  Recuerdo que toda la familia me estaba esperando, todos emocionados, aunque lograron desesperarme porque quería dormir, y todos, absolutamente todos me pasaban de brazo en brazo.  Me llamo la atención, un animalito extraño, sentado en la puerta, éste me miraba y me transmitía un sentimiento de lealtad, como cuidándome, luego me di cuenta que si éste entraba, y pasaba más de la puerta todos le decían, al mismo tiempo de hacerle un gesto como de patada ¡shhhh chucho!, ese, con quien quería ser amigo más adelante, es el perro.

Pasaron los días, las semanas, los meses, tiempos llenos de amor, mi abuela vivía con nosotros, ella sabía como arrullarme para que me quedara dormido, sabía como podía expulsar rápidamente esos molestos gases, que me incomodaban después de mi pacha, mi madre tenía que salir a trabajar todos los días, no se que pasó con mi padre, el no vivía con nosotros, pero entre mis planes estaban que cuando fuera más grande, poder platicar con mi madre, que me contara todo lo sucedido y darle mi apoyo y sostén en todo momento.  Mi madre, ella siempre regresaba a casa unos minutos pasados de las 6 de la tarde, siempre llevaba una bolsa con pan, y otra con verduras y demás cosas, siempre le comentaba a mi abuela, que le gustaba pasar al mercado ya tarde; porque siempre encontraba todo más barato.  Ah pero eso si, yo sabía y me emocionaba cuando ella llegaba, porque apenas estaba intentando abrir la puerta y no paraba de decir, ¿Dónde está el Rey de ésta casa, dónde está mi bebito, el dueño de mi corazón y mi vida?, luego entraba y me abrazaba muy fuerte, me llenaba de besos, al mismo tiempo que me hacía la pregunta ¿Cómo se portó mi nene lindo?, yo sólo la escuchaba ya que apenas tenía unos cuántos meses de nacido y en mi vocabulario apenas existían letras sueltas y sin sentido.

Por fin, cumplí mi primer añito, cada día me impresionaba más el mundo que me rodeaba, y ahí fue cuando me dí cuenta que mi nombre era Jefferson Israel, jugaba con mi gran amigo el perro, divertía a mi abuela, ella ya platicaba conmigo aunque no le pudiera contestar, mi madre se emocionaba cuando me vestía con pantalón de lona, camisa a cuadros y botas vaqueras, más de una vez le pidió al vecino que me tomara fotos.  Qué vida, qué alegría, qué emoción; así fue pasando el tiempo, y cuando sentí, ya era mi cumpleaños numero dos, mi madre no tenía dinero para celebrármelo, pero eso si, recuerdo que me compró ropita, y otras cositas que yo necesitaba, además llevó una magdalena, le puso una velita me cantaron con la abuela y otros niños, y así fue la celebración, ellas hicieron el gran ambiente.  Llegó el tiempo de lluvia y yo me asustaba un poco ya que sentía que nuestra pequeña casa, sería arrastrada por lo fuerte de las correntadas, y cuando hacía mucho viento sentía que nos quedaríamos sin láminas y me daba mucho temor.

Abro los ojos a un nuevo día, veo a mi madre peparándose para irse a trabajar, y la abuela haciendo un atól en la pequeña estufa, desde la cama puedo ver la estufa, el comedor, el par de sillones que hacen la sala, y todo a la vez.  Mi madre le da varias recomendaciones a la abuela, recuerdo que le dice, «si salen, ahí tienen mucho cuidado, ya que está muy peligrosa la calle», mi abuela le contesta, mientras enfría mi primera pacha del día, llevándose la mano derecha a la cabeza, le dice «¡no mija!, que la vecina siempre me acompaña, perdé cuidado», al final yo me voy quedando dormido, ya que ellas me arrullan con su plática, antes de quedarme dormido me acomodo para mi lado izquierdo y veo colgando de la pared un almanaque, y según escuche decir a mi madre hoy es lunes 11 de junio de 2012.

El día lunes terminó como de costumbre, besos, cariños, mucha alegría en aquella modesta pero muy feliz casita, recuerdo que mi madre me dijo, «mijito ya empezó a llover bien fuerte, hoy te voy a arropar bien, ya que se siente que hará mucho frío», y en efecto el frío era demasiado, pero con los cuidados de mi abuela y mi madre literalmente dormí como un tierno.

Llega el día martes 12 de Junio, ese día amanecí pensando en todos los planes, cuando fuera grande, en trabajar duro para darles una mejor vida a mi abuela y a mi madre, en estudiar, en ser profesional, en ser un hombre de bien y con valores.  La mañana transcurrió, mi madre se fue a trabajar, mi abuela como de costumbre haciendo los trabajos de la casa, este día por primera vez me dieron una comida, que quiero seguir comiendo de adulto, recuerdo que mi abuela dijo antes de dármela, «Primero Dios que no te haga mal Israelito», era Caldito de frijoles negros con arroz.

Recuerdo que después de esa gran comida, hice una gran siesta que me hizo despertar ya cuando mi madre regresaba de su trabajo, ya que ella, aunque estuviera dormido prefería despertarme, pues decía que sino no, no la dejaría dormir.

El resto de la tarde transcurrió, yo viviendo una vida muy feliz, admirando a mi madre y a mi abuela, mi madre pegada a la estufa comentándole a la abuela como había estado su día, ya la noche había llegado, escuchaba a lo lejos, como los vehículos se desplazaban y luego sólo el cantar de los grillos; mi abuela le comentaba a mi madre cuáles eran los planes para el día siguiente ya que quería ir al centro de salud, porque tenía un dolor en las articulaciones, y quería ir para ver que le daban, ellas hicieron una broma y sonrieron a la vez, eso es lo último agradable que escuché, ya que luego de ello sólo escuché una detonación, sentí que algo caliente invadía mi pequeño cuerpo, pude sentir que mi vida se desprendía, que el mundo de color, de ruidos, de alegrías, de sabores, de felicidad, se alejaba de mi.  Vagamente pude ver, como en cámara lenta, a mi madre y mi abuela, ellas me voltearon a ver horrorizadas, en medio de esa nube de pólvora, gritando a la vez, ¡Noooo! ¡A mi hijo noooooo!, ¡A mi pequeño bebéééé nooooo!, lloraban, gritaban, exclamaban, yo quería vivir pero no podía, así me fui despidiendo de éste mundo que sólo habité por dos añitos.

El pequeño espacio en la cama ha quedado vacío, mi madre al regresar a casa solo encontrará, una frazadita, mi olor, mi babero con las pequeñas manchitas del caldito de frijol, mismo que evidencia mi primera y única comida para no olvidar en la vida, mi pacha de la noche que ya no me tomé, junto a ellas mis sueños y anhelos por realizar, el listado de nombres que queria ponerle  a mi único, leal, fiel y gran amigo, el perro.   Les dejo mi sonrisa, mi ternura, mi agradecimiento, mis ocurrencias que las hacían  reír, mis berrinches que las hacían desesperar y todo aquello que me emocionaba y quería hacer en la vida, no llegué ni siquiera a poner un pie en una escuela, no llegué siquiera a probar el pan del saber, eso mágico, que mi abuela  siempre me decía ¡Ahí vas a ver!, ¡Cuando sepas leer y escribir!, eso es mágico.

Adios a éste mundo, aunque nunca voy a entender, que fue lo que hice para que me arrebataran de esa manera mi oportunidad de disfrutar de todo lo maravilloso que estaba viviendo, si hice algo malo, que alguien me lo diga, porque les aseguro que no lo volvería a hacer, ya que yo quería seguir disfrutando de la vida.  Adios mamita, adios abuelita….

Yo Raúl Contreras, les comento que, me ha costado mucho escribir éste post, me ha dolido como no se imaginan, y les confieso que lo hice en varias partes, ya que más de una vez las lagrimas me impedían seguirlo haciendo, esas lagrimas de tristeza, de dolor, de enojo y de impotencia, ante éstos crímenes que quedan impunes y siguen pasando en Guatemala.

Este post, es mi homenaje a Jefferson Israel, de dos años, y su familia, ya que unos pandilleros le dispararon desde la ventana de su casa y luego se escaparon, el hecho ocurrió la noche del martes 12 de junio de 2012 en una casa del asentamiento La isla, colonia Villalobos I, Zona 12.

De la misma manera hago extensivo el homenaje, a todos aquellos angelitos que les han arrebatado la vida, y que todo lo que hacían era llenar los hogares y familias, de mucha ternura, felicidad y bendiciones.  Y hasta hoy la mayoría de esos crímenes siguen impunes.

(La foto que ilustra mi post, es de Erlie Castillo, Prensa Libre) La madre es la que viste de negro e inserto el pequeño Jefferson Israel.

La carreta roja de Sebastián.

Suena la campana, y el escándalo de todo el colegio, anuncia que es hora de salir al recreo, empujones, relajo total, pelotas rebotando, los zapatos que suenan apresuradamente y se escuchan en total desorden.  El maestro que trata de poner orden, la mayoría de las veces inútilmente. Salgo corriendo en grupo y lo primero que buscamos es la carreta roja de Sebastián, el es un hombre alto, corpulento, ataviado con playera blanca, pantalón oscuro y caites, evidentemente proveniente de tierra fría, todo el tiempo mal encarado, siempre acompañado con un pequeño radio que colgaba de un extremo de la carreta, en el radio, ¡Jaaa!, sólo salían aparentes voces, pero jamás logré entender que decían, en fin no es lo que me interesaba de aquella carreta vistosa. Con el griterío de los niños pidiendo todos a la vez,  en más de una ocasión, lográbamos desesperar a Sebastián y enojarlo, bueno, les aseguro, que no había que hacer mucho trabajo, para lograrlo; y  se quedara de brazos cruzados, viéndonos seriamente, remedio suficiente para callar a los escandalosos enanos.  Luego de pasar ese rato, y pedirle ordenadamente, el seguía fielmente las instrucciones de lo que se le compraba. En la carreta se podía encontrar, Mango, coco, pepino, rábanos, maní, habas, naranjas que eran la exclusividad, y por supuesto todo era condimentado con sal, pepitoria molida, chile cobanero y suficiente jugo de limón;  lo que se le compraba, lo ponía en las bolsas plásticas aproximadamente como de un cuarto de libra, a excepción de las naranjas, que luego de pasarlas por aquel artefacto, que siempre lograba desconcentrarme de mis travesuras y darme un estate quieto, al quedarme embebido viendo como prensaba una naranja, luego le daba vuelta a una manecilla, y ésta sin fallar empezaba a tallar la naranja, como si la cáscara fuera una gran correa que la vestía, y eso para mi, era sencillamente impresionante, fascinante y entretenido. El resto de las frutas, esas si iban a las bolsitas que les comenté, siempre me gustaron todas, ah, pero una de mis favoritas y cuando lo recuerdo, se me hace agua la boca, es la carnaza de coco, desde siempre conocí a la parte blanca del coco, con ése nombre;  recuerdo que la carnaza la partía como en julianas, o tiras de regular grosor, y luego a la bolsa, ya en la bolsa ls bañaba con bastante jugo de limón, pepitoria, sal y chile. Recuerdo que nos pegábamos unas enchiladas, ah eso si,  y sin haber visto esos documentales que ahora presentan algunos canales, relacionado con ¿Qué es lo más efectivo para quitarse el picor?; nosotros los niños, por prueba y error, descubrimos un doble placer, al comer los helados de crema y pasas de Doña Martita, en la tienda Esmeralda.  Ya que al terminarnos el coco que nos dejaba completamente enchilados, corríamos velozmente, y el único sonido es el que los labios y lengua hacían a la vez, como quejándose de la gran enchilada que nos habíamos pegado, luego el heladito, amarillo intenso, como una mini cubetita, y asomándose tímidamente algunas pasas, el placer del helado, sumado a quitarme inmediatamente lo picante, era un doble placer, que por nada del mundo podía abandonar. Qué recuerda usted de sus recreos cuando era escuelero, lo invito a que atrape el link de esos recuerdos, ingrese, trate de recordar los olores y sabores, y tráigalos al presente, le aseguro que experimentará sorpresas muy positivas y agradables para su vida, ¡Así es la vida!, les comparto una imagen de lo que les platiqué, para que se hagan una idea de ¿Qué era lo que comía?, solo me faltó la bolsita plástica donde lo metían.