Jefferson Israel

Una luz muy fuerte llega a mi, cuando al unísono escuchaba a unas personas decir “¡Puja, puja, puja más!”, ah ya veo a quién se lo decían era a mi madre; me cuesta trabajo abrir los ojos, pero al fin logro acostumbrarme a todo esto, es un nuevo mundo para mi, lo primero que veo, es el techo de un hospital, luego a unos señores vistiendo atuendos extraños, con todo cubierto, sólo puedo ver sus ojos, me toman de los pies, y yo moviéndome para todos lados, ya que sentía frío, luego me pegan un par de nalgadas, por supuesto que las sentí, y mi reacción fue ponerme a pegar aquellos gritos, que hasta a mi me asombraron, porque nunca podía escucharlos en donde me encontraba antes.  Ahora estoy, en un mundo de ruidos, de colores, de carreras, de personas, de miradas, de comentarios, de cansancio y dolor físico para mi madre que por vez primera, la veo tendida en la cama, agotada pero con los ojos brillando de emoción al quererme tomar en sus brazos.

Me cuesta trabajo abrir los ojos, para poder verla, eso me causa gracia, sonrío nada más, y como si hubiera hecho saber que hazaña, ya que todos en esa diminuta habitación me lo celebran.  Qué bueno que al fin me cobijaron, ya era demasiado el frío, luego me toman en brazos y me llevan, con una mujer que me esperaba ansiosa, me siento muy cómodo en su lecho, que hasta me quedo dormido, ella me besa, me abraza con mucha ternura y me dice palabras dulces al oído, y me repite constantemente “Serás la luz de nuestro hogar, eres nuestra vida, no te imaginas cuánto le doy gracias a Dios por haberme dado éste regalo”, al terminar de decir esto, sentí que una gota tibia cae en mi pelona cabecita, es una lagrima de emoción y agradecimiento, de la señora dulce, cariñosa, tierna, y muy amorosa, a quién ahora le diré mamá.

Salimos del hospital, nos dirigimos a un lugar lleno de modestas y muy pequeñas casitas, al llegar me tenían un pequeño espacio en la cama, con ropita toda en color celeste, y recuerdo un globo amarrado a la mesa del comedor, junto a la cama; este decía “Bienvenido Bebé”.  Recuerdo que toda la familia me estaba esperando, todos emocionados, aunque lograron desesperarme porque quería dormir, y todos, absolutamente todos me pasaban de brazo en brazo.  Me llamo la atención, un animalito extraño, sentado en la puerta, éste me miraba y me transmitía un sentimiento de lealtad, como cuidándome, luego me di cuenta que si éste entraba, y pasaba más de la puerta todos le decían, al mismo tiempo de hacerle un gesto como de patada ¡shhhh chucho!, ese, con quien quería ser amigo más adelante, es el perro.

Pasaron los días, las semanas, los meses, tiempos llenos de amor, mi abuela vivía con nosotros, ella sabía como arrullarme para que me quedara dormido, sabía como podía expulsar rápidamente esos molestos gases, que me incomodaban después de mi pacha, mi madre tenía que salir a trabajar todos los días, no se que pasó con mi padre, el no vivía con nosotros, pero entre mis planes estaban que cuando fuera más grande, poder platicar con mi madre, que me contara todo lo sucedido y darle mi apoyo y sostén en todo momento.  Mi madre, ella siempre regresaba a casa unos minutos pasados de las 6 de la tarde, siempre llevaba una bolsa con pan, y otra con verduras y demás cosas, siempre le comentaba a mi abuela, que le gustaba pasar al mercado ya tarde; porque siempre encontraba todo más barato.  Ah pero eso si, yo sabía y me emocionaba cuando ella llegaba, porque apenas estaba intentando abrir la puerta y no paraba de decir, ¿Dónde está el Rey de ésta casa, dónde está mi bebito, el dueño de mi corazón y mi vida?, luego entraba y me abrazaba muy fuerte, me llenaba de besos, al mismo tiempo que me hacía la pregunta ¿Cómo se portó mi nene lindo?, yo sólo la escuchaba ya que apenas tenía unos cuántos meses de nacido y en mi vocabulario apenas existían letras sueltas y sin sentido.

Por fin, cumplí mi primer añito, cada día me impresionaba más el mundo que me rodeaba, y ahí fue cuando me dí cuenta que mi nombre era Jefferson Israel, jugaba con mi gran amigo el perro, divertía a mi abuela, ella ya platicaba conmigo aunque no le pudiera contestar, mi madre se emocionaba cuando me vestía con pantalón de lona, camisa a cuadros y botas vaqueras, más de una vez le pidió al vecino que me tomara fotos.  Qué vida, qué alegría, qué emoción; así fue pasando el tiempo, y cuando sentí, ya era mi cumpleaños numero dos, mi madre no tenía dinero para celebrármelo, pero eso si, recuerdo que me compró ropita, y otras cositas que yo necesitaba, además llevó una magdalena, le puso una velita me cantaron con la abuela y otros niños, y así fue la celebración, ellas hicieron el gran ambiente.  Llegó el tiempo de lluvia y yo me asustaba un poco ya que sentía que nuestra pequeña casa, sería arrastrada por lo fuerte de las correntadas, y cuando hacía mucho viento sentía que nos quedaríamos sin láminas y me daba mucho temor.

Abro los ojos a un nuevo día, veo a mi madre peparándose para irse a trabajar, y la abuela haciendo un atól en la pequeña estufa, desde la cama puedo ver la estufa, el comedor, el par de sillones que hacen la sala, y todo a la vez.  Mi madre le da varias recomendaciones a la abuela, recuerdo que le dice, “si salen, ahí tienen mucho cuidado, ya que está muy peligrosa la calle”, mi abuela le contesta, mientras enfría mi primera pacha del día, llevándose la mano derecha a la cabeza, le dice “¡no mija!, que la vecina siempre me acompaña, perdé cuidado”, al final yo me voy quedando dormido, ya que ellas me arrullan con su plática, antes de quedarme dormido me acomodo para mi lado izquierdo y veo colgando de la pared un almanaque, y según escuche decir a mi madre hoy es lunes 11 de junio de 2012.

El día lunes terminó como de costumbre, besos, cariños, mucha alegría en aquella modesta pero muy feliz casita, recuerdo que mi madre me dijo, “mijito ya empezó a llover bien fuerte, hoy te voy a arropar bien, ya que se siente que hará mucho frío”, y en efecto el frío era demasiado, pero con los cuidados de mi abuela y mi madre literalmente dormí como un tierno.

Llega el día martes 12 de Junio, ese día amanecí pensando en todos los planes, cuando fuera grande, en trabajar duro para darles una mejor vida a mi abuela y a mi madre, en estudiar, en ser profesional, en ser un hombre de bien y con valores.  La mañana transcurrió, mi madre se fue a trabajar, mi abuela como de costumbre haciendo los trabajos de la casa, este día por primera vez me dieron una comida, que quiero seguir comiendo de adulto, recuerdo que mi abuela dijo antes de dármela, “Primero Dios que no te haga mal Israelito”, era Caldito de frijoles negros con arroz.

Recuerdo que después de esa gran comida, hice una gran siesta que me hizo despertar ya cuando mi madre regresaba de su trabajo, ya que ella, aunque estuviera dormido prefería despertarme, pues decía que sino no, no la dejaría dormir.

El resto de la tarde transcurrió, yo viviendo una vida muy feliz, admirando a mi madre y a mi abuela, mi madre pegada a la estufa comentándole a la abuela como había estado su día, ya la noche había llegado, escuchaba a lo lejos, como los vehículos se desplazaban y luego sólo el cantar de los grillos; mi abuela le comentaba a mi madre cuáles eran los planes para el día siguiente ya que quería ir al centro de salud, porque tenía un dolor en las articulaciones, y quería ir para ver que le daban, ellas hicieron una broma y sonrieron a la vez, eso es lo último agradable que escuché, ya que luego de ello sólo escuché una detonación, sentí que algo caliente invadía mi pequeño cuerpo, pude sentir que mi vida se desprendía, que el mundo de color, de ruidos, de alegrías, de sabores, de felicidad, se alejaba de mi.  Vagamente pude ver, como en cámara lenta, a mi madre y mi abuela, ellas me voltearon a ver horrorizadas, en medio de esa nube de pólvora, gritando a la vez, ¡Noooo! ¡A mi hijo noooooo!, ¡A mi pequeño bebéééé nooooo!, lloraban, gritaban, exclamaban, yo quería vivir pero no podía, así me fui despidiendo de éste mundo que sólo habité por dos añitos.

El pequeño espacio en la cama ha quedado vacío, mi madre al regresar a casa solo encontrará, una frazadita, mi olor, mi babero con las pequeñas manchitas del caldito de frijol, mismo que evidencia mi primera y única comida para no olvidar en la vida, mi pacha de la noche que ya no me tomé, junto a ellas mis sueños y anhelos por realizar, el listado de nombres que queria ponerle  a mi único, leal, fiel y gran amigo, el perro.   Les dejo mi sonrisa, mi ternura, mi agradecimiento, mis ocurrencias que las hacían  reír, mis berrinches que las hacían desesperar y todo aquello que me emocionaba y quería hacer en la vida, no llegué ni siquiera a poner un pie en una escuela, no llegué siquiera a probar el pan del saber, eso mágico, que mi abuela  siempre me decía ¡Ahí vas a ver!, ¡Cuando sepas leer y escribir!, eso es mágico.

Adios a éste mundo, aunque nunca voy a entender, que fue lo que hice para que me arrebataran de esa manera mi oportunidad de disfrutar de todo lo maravilloso que estaba viviendo, si hice algo malo, que alguien me lo diga, porque les aseguro que no lo volvería a hacer, ya que yo quería seguir disfrutando de la vida.  Adios mamita, adios abuelita….

Yo Raúl Contreras, les comento que, me ha costado mucho escribir éste post, me ha dolido como no se imaginan, y les confieso que lo hice en varias partes, ya que más de una vez las lagrimas me impedían seguirlo haciendo, esas lagrimas de tristeza, de dolor, de enojo y de impotencia, ante éstos crímenes que quedan impunes y siguen pasando en Guatemala.

Este post, es mi homenaje a Jefferson Israel, de dos años, y su familia, ya que unos pandilleros le dispararon desde la ventana de su casa y luego se escaparon, el hecho ocurrió la noche del martes 12 de junio de 2012 en una casa del asentamiento La isla, colonia Villalobos I, Zona 12.

De la misma manera hago extensivo el homenaje, a todos aquellos angelitos que les han arrebatado la vida, y que todo lo que hacían era llenar los hogares y familias, de mucha ternura, felicidad y bendiciones.  Y hasta hoy la mayoría de esos crímenes siguen impunes.

(La foto que ilustra mi post, es de Erlie Castillo, Prensa Libre) La madre es la que viste de negro e inserto el pequeño Jefferson Israel.

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Un pensamiento en “Jefferson Israel

  1. Impresionante Raul…!! Las palabras se quedan cortas… Los sentimientos son bien,bien encontrados… Que impotencia, que tristeza una vida mas arrebatada,perdida

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