Indita con amarillo LKZ-27512.

En una caminata por el centro histórico, en aquellas situaciones en las que uno tiene mandados por aquel lugar, ya que es por ahí donde he encontrado, los mejores trabajos en materia de imprenta, y litografía, en fin, disfrutando de la magia del centro de la ciudad de Guatemala.

Yo siempre me he preguntado; ¿Las personas que asaltan a transeúntes, de dónde sacan el valor para hacerlo?, porque si que se requiere de mucho, en fin es una pregunta que también me ha asaltado.

La historia que les contaré a continuación, se desarrolla prácticamente, entre décima y once avenida, aproximadamente por la sexta calle; es en una de esas tiendas, que la fachada se está cayendo a pedazos, pero eso si, su interior perfecta y meticulosamente ordenado y surtido, mismo que contrasta con una vieja mesa de madera en su entrada, y a esta la acompañan un par de bancos de madera que un día lejano, intentaron inútilmente pintarlos, y aún emana ese fuerte olor de la pintura de aceite.

De aquel lugar, me llegó inesperadamente la respuesta, que me imagino que sólo se aplica en algunos casos, cuando digo, de dónde sacan el valor los asaltantes.  Resulta que sentados en la acera se encontraban 3 jóvenes, con vestuario moderno; uno de ellos un tanto chonchito, los otros dos, como que no llegaron a tiempo y este les ganó toda la comida, ya que estaban tan flacos como sus ganas de ser hombres de provecho.

Ellos, sentados, pero acompañados con algunos octavos de indita, y un par de bolsas de jugo de naranja, de un amarillo LKZ-27512, que le da color al mismo; para que sea vea apetecible; contrastaban con el gris humedecido de la acera.

El ritual era el siguiente, se empinaban el octavo e inmediatamente va grandes sorbos de jugo de naranja, bueno, realmente es liquido amarillo color LKZ-27512. El ritual continuó sin prisas, y llego el momento de finalizarlo, pero a todo esto, cada persona que pasaba cerca de ellos, no perdían la oportunidad para analizarla de una manera muy profesional, y minuciosa, ante todo, veloz.

Al terminar la dotación de bebidas, pude ver como se transformaron, en el rostro se les podía ver cierta valentía, y haciendo ese gesto y expresión corporal que sólo he visto en los boxeadores, antes de salir al cuadrilátero.  Algo así, como calentando para el supuesto enfrentamiento.  Ellos se levantan, y yo con toda la sutileza y discreción del caso, misma que me ha dado mi experiencia periodística, trato de seguirlos.

Dos pasos atrás de su víctima, es la distancia aproximada que necesitan para poder decidir si vale la pena o no; la orden por parte del que la vida le ha dado más peso, aunque sea en volúmen de cuerpo; es: “¡Dale, entrale ya!”, sorpresivamente el que recibe la orden  segundos más tarde, retrocede, y se queda quieto, y en son de reclamo le dice el que le dio la orden; ¿Qué pasó, por que no le entraste?, y responde, “ahh, es que sólo llevaba babosadas y cosas del mercado en la bolsa”.  Entonces le responde, “ah bueno, sigamos…”

Se distribuyen uno en cada esquina, para poder ver todos los ángulos posibles de la víctima y acompañantes, eriza la piel, ver exactamente el grado de contról, hacia todo lo que les rodea, sólo se puede comparar, a aquellos programas de canales especializados, que se internan en el mundo salvaje, de aquellos animales cazadores, cuando ya tienen bajo contról a su presa, y están listos para atacar; la mirada, la gesticulación corporal, mas hechos que palabras, en fin, toda una rutina, que hoy en día nos sigue teniendo contra la pared, a cada uno de los Guatemaltecos, que día a día salimos a trabajar, y si sabemos cómo estamos iniciando el día, pero ignoramos completamente cómo lo vamos a terminar.

Los protagonistas de estas historia, entre 17 y no más de 19 años, se movilizan estratégicamente por las calles, las víctimas aquí, seguimos siendo nosotros, ya que no nos queda más que salir todos los días a cumplir con las responsabilidades que el día a día nos trae, y mientras  quienes tienen la harta obligación de garantizarnos como mínimo la seguridad, haciendo piñata con todo el dinero que les llega; y socavando cada día más, las raíces de nuestra Guatemala.

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