La antorcha y el Profe borracho

Con esas madrugadas, un día nubladas y el otro día de colores muy brillantes, se anuncia la llegada del mes de septiembre; ese mes en el que es muy común que nos sorprenda uno de aquellos aguaceros, que nos hace quedar empapados; pero también es el mes en el que festejamos el cumpleaños de nuestra patria, nuestra bella Guatemala.

En la primera quincena del mes, casi en todo momento, es inevitable escuchar las sirenas de bomberos, no sabemos si es para cubrir una emergencia o van acompañando a alguna caravana de jóvenes y en otros casos de no tan jóvenes, hombres y mujeres, que corren emocionados y bulliciosos con el fuego de la libertad; esa situación siempre me provoca ternura y un sin fin de emociones; ya que me impacta positivamente cuando una persona de la manera que sea, demuestra ese patriotismo cada vez más escaso por su terruño.

Ustedes se preguntarán, ¿Qué tiene que ver la antorcha, con un profe borracho?, pues les cuento; en mi época de colegio no creo que haya tenido más de 10 años; me emocioné hasta los huesos, cuando en el colegio nos anunciaron que correríamos con la antorcha de la libertad; ya que me imaginé, no sólo el viaje que haríamos, sino que también la emoción de que me tocara la oportunidad de portar el tan ansiado fuego de la libertad, situación que a esa edad, es de presumirlo y decir ¡Todo lo que aguanté correr!, así haya sido uno o dos kilómetros o menos.  En fin, todos los preparativos muy ordenadamente, yo, preparándome, escogiendo los mejores tenis para correr y ya preparadísimo con el atuendo, acá entre nos, les cuento que en las noches, me encerraba, me ponía todo el atuendo y ensayaba con algo que pareciera antorcha y corría en la habitación, como loco, ensayando siempre mi mejor pose, así no, así podría ser, ahhh así si, así debo correr, total los días seguían transcurriendo y yo casi ni dormía de la emoción, en un calendario marcaba los días que faltaban, y contaba las horas, no se imaginan la gran emoción que me invadía.

Llega el gran día, recuerdo que era una tarde lluviosa, y mis padres con anticipación recibieron una nota de parte del colegio, esta decía “Estimados Padres de Familia, les informamos que deberán traer a sus hijos en tal fecha, a las 5 de la tarde a las instalaciones del colegio, en donde los recibiría el profesor encargado de la actividad, Se les recomienda puntualidad, Atentamente La Dirección” el profesor, encargado de la ansiada actividad de nombre Erasmo; recuerdo que en el trayecto al colegio, mis padres nos dieron tal cantidad de recomendaciones, que la emoción que cada vez crecía dentro de mi, y se desbordaba en mis gestos; hizo que todo lo dicho en el trayecto entrara por un oído y saliera por el otro, y sólo podía ver como mis padres seguían bla bla bla bla…. Y yo lo que quería era llegar al punto de reunión para iniciar la aventura, ¡Al fin llegamos!, nos pareció muy extraño que mis padres tocaron el timbre de la entrada principal más de 4 veces y nadie respondió; por un momento pasó por mi mente, se fueron sin nosotros ya que mi hermano mayor también iba; y sentí un vació desagradable en el estómago; y me entró un sentimiento entre enojo y ganas de llorar, pero al fin, se escucha al otro lado de la puerta que alguien, está abriendo, era otro de los compañeros de colegio participantes, vi de todo en su rostro menos emoción, y eso me dio mala espina, mis padres inmediatamente preguntaron por el profesor, y quién abrió la puerta les dijo donde encontrarlo, y lo hizo como con pena y de una manera muy escueta.

Caminamos por uno de los pasillos, semi oscuro; hasta llegar al punto de reunión, yo me adelanté corriendo, y pude observar como algunos padres, estaban en la puerta, confundidos, extrañados y sólo viendo hacia adentro, yo me metí por entre el grupo de padres, y al asomar mi pequeño rostro, mismo que se desvaneció, sólo recuerdo ver al profe sentado en un escritorio, como en posición de descanso, con el rostro pegado a la paleta del escritorio y los brazos ligeramente colgando; recuerdo que otro niño exclamó “El profe esta bolo, ya no vamos a ir a traer la antorcha”, mi pequeño mundo se desmoronó, mis ilusiones volaron en mil pedazos, quería llorar, pero me dio vergüenza hacerlo en público, total, mis padres se acercaron, y el profesor, medio despertó y al ver a todos los padres cerca, hizo el intento de levantarse, y dijo un par de disparates y cae al suelo; mis padres inmediatamente expresaron “¡Nos regresamos a casa!”, y yo todavía les dije, eso que tenga el profe, estoy seguro que se le va a pasar, ¡Estoy seguro!, me volví un experto en cuestión de segundos; pero mis padres insistieron con lo estricto que los caracterizó siempre ¡Nos vamos, y yaaaa!, y me jalan del brazo derecho, y yo todavía viendo hacia atrás para ver si ocurría cualquier tipo de milagro, cuál ¿No se?, “Cómo voy a confiar a mis hijos a alguien así…”, recuerdo que fue lo último que dijeron mis papás; en el camino de regreso a casa, sólo admiraba a todos los que corrían emocionados con el fuego de la antorcha de la libertad, me quedaba como ventosa pegado a la ventanilla del vehículo y trataba de imaginar que ellos eran yo, pero esta vez llevaba la ansiada antorcha, y esa, pues esa fue la única vez que estuve cerca de la oportunidad de correr con el ansiado fuego de la libertad.

En los festejos a la patria, casi que por decreto cada año siempre declamaba, o le daba la salutación a la Niña Independencia; nunca olvidaré esas escenografías tan elaboradas para la velada; el olor intenso a pintura fresca; nunca entendí por qué en una ocasión, era el mes de la patria y salí bailando vestido de payasito con otro amigo “El pingo colorado”, una canción de Cepillín, en fin como que era bien solicitado, ya que de payasito, pasaba a vestuario para la poesía, y luego elegante para la salutación, jaaaa si tenía varios llamados a la vez, multi task que le dicen, también era divertido ver a las personas que harían alguna coreografía de moda, con su grabadora en mano, por supuesto que de baterías, y ensayaban tanto, que ya cuando les tocaba presentar su acto, ya la grabadora tenía las baterías descargada y esta sonaba como en cámara lenta y la voz de quién cantaba toda endemoniada algo así como el exorcista.

En fin, eso he vivido ¡Así es la vida!, y espero que lo que les comento sólo quede entre nos…Ah y me dará mucho gusto saber que con lo que le comenté se haya activado el chip de sus recuerdos, y hayan venido a su mente anécdotas, de todas las emociones que nos han hecho sentir los festejos a la patria, en el correr de nuestra vida, para mi, recordar no es volver a vivir, recordar es confirmar que hemos vivido la vida plenamente, hemos sido felices, y nuestra niñez, nunca se fue, y sigue allí, lista para salir cuando nosotros queramos.

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