Las 3 y pico.

El tráfico lento, el calor un tanto húmedo, en la ciudad de Guatemala son las 3 y pico; en la esquina de la calle, la señora del puesto de periódicos aún intenta vender los ejemplares que le han quedado de la mañana, haciéndolos acompañar del periódico de la tarde, las bocinas de los vehículos, no se hacen esperar, ni siquiera en la radio hay buena música, en fin debemos encontrar paciencia para seguir esperando a que el semáforo, que pareciera que nunca pasa de rojo a verde, se digne en darnos la oportunidad de poder continuar la marcha hacia nuestro destino.

Veo a mi derecha, por el retrovisor y luegor por encima del mismo, lo mismo hago a mi izquierda, y luego por el espejo del interior del vehículo veo hacia atrás, tratando de ir siempre atento, aunque el cansancio del día y el calor me agoten, debo estar siempre chispudo, siempre alerta, siempre despierto.

El semáforo, ese, por fin se pone en verde y todo indica que vamos a salir tranquilamente del congestionamiento; pero al unísono del cambio de luz del semáforo, se escucha una detonación, ¡se escuchó tan cerca!, ya que logro escuchar el eco, y me quedó como un pitillo en los oídos; que fue, donde pudo haber sido, por qué veo que todos corren pero no alcanzo a ver de que o quién, estando tan cerca, sólo pude ver personas, pálidas, asustadas, acongojadas, algunas señoras llorando, pero a la vez metiéndose entre los vehículos, abarrotando el centro comercial cercano, se ve que huyen de algo y sin sus pertenencias, …pero, ¿Qué es lo que sucede, qué está pasando?, por más alerta que vengo no termino de entender, entre los gritos, el relajo, las carreras, la confusión, misma que obliga a las personas que van con niños, a que en la desesperación los jaloneen del pequeño brazo y más de uno de estos niños reacciona, asustado, impresionado, y llora.

Al fin logro descubrir lo sucedido, un piloto del transporte urbano agredido, prácticamente a quemarropa, un número más que viene a engrosar las estadísticas de pilotos atacados; su ayudante, su brocha, un niño de no más de 10 años, el pequeño arrinconado en el bus, llora, con la carita de asustado, confundido, horrorizado, traumado, ya que acaba de vivir una escena que lo acompañará el resto de su vida.

No vamos a entrar en detalles, ni a explorar las razones del ataque, no se si el piloto vivirá para poder declarar, sinceramente por lo que vi, el cuadro no era alentador; lo que si quiero dejar en claro,  la situación de peligro inminente, al que todos los guatemaltecos nos exponemos a diario, cuando vamos como pasajeros de cualquier bus; por cierto todas las personas que le comenté al inicio venían en el bus, se salieron del mismo como pudieron; pero no sólo ellos son vulnerables al peligro que le comento, va usted en su vehículo y por supuesto que también está expuesto; va usted caminando para sentirse más seguro; cuál su seguridad, si de la misma manera es víctima de toda esta situación de inseguridad, de zozobra, de impunidad, de demostrarnos que los guatemaltecos no somos prioridad de los gobernantes, ah pero eso si, trate de atrasarse con el pago de sus impuestos, entonces ahí si se convierte automáticamente en prioridad, y les aseguro que le van a poner coco, pero para que mire de donde jocotes saca dinero para pagarles, y los gobernantes tenga más para seguir haciendo piñata con lo que a nosotros nos hace falta; porque eso si, lo dejarán tranquilo hasta que usted pague hasta el último centavo o va preso por defraudación; ¿cuál defraudación?, yo no se a ustedes, pero a mi, hace ratos que ellos me defraudaron, pero como ellos son intocables, “Inmunes que le dicen” ¡No pasa nada!, los impuestos no son más que otra forma de robarnos, o será que en ella se inspiraron los otros delincuentes.

En fin, eso que viví, me entristeció y me hizo sentir mucha más decepción, como siempre, me identifico con toda la población, esas personas que salen de casa, a muy temprana hora para poder llevar algo de comer, para poder responderle responsablemente a esa familia que los espera en casa, a esos hijos, a esos padres, a esos corazones, a esos seres, que han olvidado como era sentirse seguro, tranquilo, y con la certeza de saber que al final del día la cena los reuniría con sus seres amados.

La imagen que les comparto, es del momento en que sucedió lo que les he comentadoImagen.

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Un pensamiento en “Las 3 y pico.

  1. Es el diario vivir para muchos de nosotros que andamos en buses, solo nos queda encomendarnos a Dios y seguir viviendo cada uno de los días que tenemos el privilegio de vivir.

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