Justicia Divina

La inconfundible alegría, emoción y sin fin de sentimientos que genera la llegada de un bebé no se puede comparar con nada; cualquiera que sea el parentesco con ese pequeñísimo ser que está por llegar no importa, ya que sólo el hecho de imaginar a ese diminuto ser, con una gigantesca presencia que será capaz de llenar a la familia completa de alegría, emociones, ternura, y oportunidad de valorar la la vida y lo maravilloso que encontramos en ella.

Todos esos sentimientos que le he mencionado anteriormente, me llevan a preguntarme; ¿A dónde se van?, cuando a esos pequeñitos se les ciega la vida; se les arrebata de golpe esa inocente sonrisa, esa expresión de curiosidad conociendo todo lo que está a su alrededor; ese tierno gesto que trae ternura y calidez a cualquier persona; ese olorcito a bebé, ese bultito que casi ni se mueve en la esquina de la habitación; ese rostro angelical que se asoma timidamente de entre las colchitas, ese tierno lenguaje de llanto para poder decir, mamá, papá; tengo hambre, tengo frío, tengo sueño, tengo el pañal mojado; sólo me pregunto, ¿A dónde se van cuando el silencio invade el ambiente?, después de haber asesinado vilmente a esas inocentes y pequeñas criaturas.

Esta reflexión se las comparto, ya que en las últimas semanas, se han encontrado más de un cadaver de bebé en maletas, en mochilas, en bolsas de dama, en lugares concurridos; por ejemplo en el más reciente hallazgo, el caso de una bebita de tan sólo 7 meses, que fue encontrada con el cráneo destrozado, y un balazo en el rostro, cuando me enteré de ésta noticia, sentí una fuerte tristeza, un nudo en el alma; un fuerte golpe como ser humano.  Es por eso que me pregunto, ¡Quién es capaz de hacerle daño a un ser indefenso!, con tanta maldad, tanta asquerosa saña, asesinar a una pequeña bebé, que puedo asegurar que mientras estas personas desgraciadas y malditas, le quitaban la vida, ella sólo pudo haberles enviado un gesto de cariño, porque no tenía ni la menor idea de lo que estaba por sucederle.

Así como están las cosas en nuestro país, la justicia parece ser que nunca les llegará a los responsables, ya que no se quién es peor, si el que imparte la justicia o el que merece recibirla, en fin, pero de lo que si estoy seguro, que de la justicia divina no se podrán salvar, y espero que ésta les caiga sin ningún tipo de consideración.

En el caso de otros bebés, que corren con una relativa mejor suerte, han sido abandonados en cabinas telefónicas, cajeros automáticos, parques, entradas a hospitales, frente a iglesias, o en cualquier punto de la calle, a veces arropaditos, en otros casos sólo en pañal, enfrentando con sus pequeños cuerpecitos y una vulnerabilidad total, las bajas temperaturas en la madrugada; en estos casos es urgente que los burrócratas encargados del tema de las adopciones, hagan algo para que las éstas se realicen con mayor fluidez; y ya dejen de lucrar con algo tan urgente y necesario, ya que las consecuencias de la ineptitud de esas acciones, la estamos viviendo en los casos de tanto niño abandonado, y sin esperanza de recibir el cariño de padres adoptivos que anhelan darle todo el cariño que no han tenido, y que por culpa de los burrócratas siguen sin tenerlo.

En Guatemala, la violencia e inseguridad son incesantes, mientras que las autoridades no hacen nada para solucionar la desesperante situación, eso si, salen dando declaraciones en los diferentes medios, diciendo que los indices de violencia han bajado, pero eso no cuadra con lo que vivimos los guatemaltecos a diario; frecuentemente se destapan más y nuevas formas de corrupción, ah y entre las fuerzas encargadas de velar por tan anhelada seguridad se descubren miembros que son cómplices de delincuentes y del crimen organizado; ¿Hacia dónde vamos señores gobernantes?, yo como Guatemalteco responsable, les exijo seguridad; no es un premio, no es un regalo, simplemente es hacer de un a vez por todas su harta obligación, esa de brindarnos como mínimo protección a todos los chapines que diariamente salimos a trabajar honestamente con nuestro gran esfuerzo, para que ustedes hagan piñata y despilfarren por decirlo de alguna manera, ese fruto de nuestro trabajo que todos y cada uno de nosotros producimos a diario.

 

 

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