Una Rosa eterna.

Esta mañana, fuimos recibidos con un día brillante muy propio de los amaneceres de fin de año, hoy, tuve la oportunidad de acompañar hasta su última morada, a darle el último adiós a una gran mujer, a un extraordinario ser humano, Doña Rosita, la adorada madre de mi amigo Juanfran, ya frente al panteón, sus hijos Juanfran y Pepe, con los ojos llenos de lagrimas, indudablemente, pasando por sus pensamientos aquella película de sus vidas, en la que los protagonistas principales eran sólo ellos y su mamá, escena tras escena, una colección completa de todos aquellos momentos que se fueron convirtiendo en parte del anecdotario, mismos que hoy orgullosamente portan como lecciones de vida y valores.

Es inevitable descomponerse ante esa escena, en la que los hijos que desde ya, están extrañando a su madre, batallan al decirle con voces entrecortadas ¡adiós mamá!, esa despedida sólo la interrumpe el crujir frío y seco del ataúd resbalándose hacia adentro del panteón; así como voces queditas que salen de quien sabe quien de los asistentes, repitiendo continuamente ¡ese camino llevamos todos!

Los hijos, familiares de los dolientes, y todos los amigos, en un silencio entristecedor, también le decimos adiós a Doña Rosita; se desprenden lagrimas que caen al pasto con rocío, como queriéndose sumar a esas gotas de agua, esas mismas que hoy sorprendimos desde las primeras horas de la mañana, al hacernos presente en el cementerio general.

Por último, el ataúd, lentamente va terminando de hacer ese corto y último viaje frente a nuestros ojos, ese corto viaje que será seguido de esa puerta que se cierra para siempre, esa puerta de ladrillos y cemento, esa puerta que en este mundo se cierra con la última cucharada de esa mezcla de cemento.

Recuerdos, tristeza, espíritus en shock, y toda esa mezcla de tristes pensamientos y sentimientos que provoca la partida de un ser querido, se hacen presente por medio de ese frío silencio que inunda la mañana tan soleada, con esa triste mirada, con la que sus amorosos hijos ven por última vez a la autora de sus días, representada en el cuerpo que les dice adiós.

Lo que resta es regresar a casa, ordenar y reencontrarse de golpe, con todo aquello que en cada instante de sus vidas, les recordará a esa gran mujer, a esa gran madre, ya que la vida hoy les dicta  la nueva manera de tener contacto con ella, situación que deberán aprender con el pasar del tiempo; los recuerdos nunca se irán, las lagrimas se irán convirtiendo lentamente, en satisfacción y muy bonitos recuerdos, que un día no muy lejano llegarán a convertirse en sonrisas, y esas miradas tristes de hoy, en expresiones de consuelo, y poder así experimentar para vivir la maravillosa sensación de entender que todo ese dolor que se lleva en el alma desaparece, para poder recibir mágicamente en su lugar, todo el cariño, enseñanzas de vida, y agradecimiento, por todos los cuidados y amor recibidos, de esa gran madre, la gran mujer que los cobijó en su seno desde su primera luz de vida.  Que en paz descanse “Doña Rosita”, flores, recuerdos y todo nuestro amor la acompañen por siempre.unnamed

Con todo mi cariño, para mis buenos amigos y toda su familia.

Anuncios

Un pensamiento en “Una Rosa eterna.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s